
Llevo tiempo pensando en compartir esta idea que para mí es muy valiosa.
Hay momentos en la vida, yo los llamo pequeñas epifanías, en los que, de pronto ves algo con mucha claridad.
Momentos en los que te das cuenta de que algo tiene que cambiar en tu vida.
Y cuando quieres hacer algo para transformar esa situación, entonces empieza el diálogo interno que nos hace dudar:
Intentas convencerte de que quizá puedes seguir igual
Pero ese pensamiento, -la epifanía-, no desaparece.
Y entonces, empiezas a ponerte en camino hacia esa dirección.
Es una toma de conciencia.
Y cuando la conciencia despierta, ya no puedes ignorarla.
Aquí empieza algo muy interesante.
Comienzas a escuchar la vida con más honestidad. Ves más claridad en todo.
Aceptas que moverte implica incertidumbre, que salir de esa zona de confort a veces da vértigo, pero también comprendes algo mucho más poderoso:
No moverte también tiene un coste. No moverte también es una decisión. Y no intentarlo es de lo que más se arrepienten las personas al final de sus días.
Quedarnos en la sala de espera de la vida es vivir a medias.
Y cuando ves que el mundo necesita lo que tu puedes aportar, es ahí donde debes enfocarte.
Las pequeñas epifanías no llegan para desestabilizarte.
Son invitaciones a evolucionar, a vivir alineados con los principios, a ser coherente y a encontrar ese sentido de vida y plenitud.
Y eso es vivir en PAZ.
Escuchar a la vida y tomar decisiones solo depende de nosotros.
Y normalmente nos perdemos en las excusas y en el autoengaño.
Muchas veces es miedo disfrazado, pero la vida te volverá a recordar que debes moverte.



