
Hace unos días, al terminar una mentoría, una mujer me dijo algo que llevo tiempo escuchando de formas distintas.
«Sé que necesito cambiar algo. Lo que no sé es qué debo hacer»
En realidad, no era solo su historia. Es la historia de muchas mujeres que, después de años cuidando de su familia, de su trabajo y de las personas que quieren, llegan a un momento en el que sienten que no saben qué hacer.
No buscan una vida diferente. Ni empezar de cero ni muchas veces reinventarse. No. Es algo más sencillo y difícil a la vez. Lo que quieren es volver a sentirse en paz con su vida. A encontrar su lugar y el sentido a su vida. Y eso cambia por completo la conversación.
Con el tiempo he comprendido que, muchas veces, el problema no es que no sepamos qué decisión tomar, sino que intentamos decidir desde un lugar lleno de ruido.
Desde el miedo.
Desde la culpa.
Desde la forma en la que miramos la vida.
Desde las creencias que hemos ido construyendo con los años.
Desde experiencias que nos marcaron.
Desde frases que un día hicimos nuestras sin preguntarnos si son verdad.
– No soy capaz.
– Ahora no me toca a mí.
– Ya es demasiado tarde.
– No puedo decepcionar a los demás.
Sin darnos cuenta, esas creencias empiezan a dirigir nuestras decisiones. Se convierten en nuestro diálogo interior, tan poderoso, que dejamos de ver salida.
Y cuando eso ocurre, dejamos de elegir con libertad y empezamos a responder, una y otra vez, desde el mismo lugar.
Esta situación nos pasa a la mayoría por que intentamos resolver temas importantes sin haber puesto antes un poco de orden dentro de nosotras.
Y quizá ahí esté la clave.
La claridad no consiste en tener todas las respuestas.
La claridad nace cuando nos detenemos, en silencio, y nos atrevemos a mirar hacia nosotros, con honestidad quiénes somos.
Porque cuando cambia la manera en que miramos nuestra vida, cambian nuestras decisiones.
Y cuando cambian nuestras decisiones, empieza a cambiar también la dirección de nuestra vida.
Ese es el corazón de lo que hago.
Crear espacios donde las mujeres puedan parar, ordenar su mundo interior y volver a escucharse.
Ninguna decisión importante debería tomarse desde la prisa, el miedo o la culpa.
Las decisiones que transforman una vida nacen de la claridad. Y la claridad nace del silencio. De aprender a parar. A observar. A tomar el pulso de hacia dónde va nuestra vida.
Si esta reflexión ha resonado contigo, quizá no necesites hacer más.
Quizá necesites un lugar donde detenerte, compartir lo que estás viviendo y recorrer este camino junto a otras mujeres que, como tú, han decidido dejar de vivir en piloto automático para empezar a vivir con más coherencia, más serenidad y más sentido.
Ese es el propósito de la Comunidad de mujeres Claridad interior.
Un espacio de encuentro, aprendizaje y acompañamiento donde cada mes profundizamos en las preguntas que de verdad cambian una vida.
Un lugar para ordenar por dentro y avanzar acompañadas.
Porque hay caminos que se recorren mejor cuando alguien camina a tu lado.
Hoy quiero dejarte una última pregunta.
¿Qué decisión llevas tiempo posponiendo por falta de claridad?
Si sientes que ha llegado tu momento, te regalo una primera conversación.


