
¿Recuerdas la vez que aprendiste algo importante solo porque alguien te lo mostró con su ejemplo?
Cuando una persona actúa en coherencia con lo que es, piensa y hace, se convierte en un ejemplo para su entorno.
No necesitamos que nos digan qué hacer; solo necesitamos ver a alguien SER.
Y ese ser auténtico despierta en nosotros una gran inspiración y admiración.
Tal vez recuerdes a tus padres, abuelos, amigos, profesores,… que en un momento difícil mantuvieron la calma. Esa escena se quedó grabada y te enseñó algo sobre la fortaleza, la fe, el amor, la paciencia o la compasión.
El ejemplo es la mejor escuela.
Pero qué pasa cuando el ejemplo contradice el discurso.
¿Cuántas veces hemos escuchado palabras bonitas, pero visto actos incoherentes?
Eso también enseña.
Enseña lo que no queremos repetir.
Nos recuerda que la verdadera autoridad moral no se gana hablando, sino viviendo desde la verdad interior.
“No hay nada que inspire más que la coherencia. Y nada que destruya más la confianza que la incongruencia.”
Una reflexión que nos invita a hacernos conscientes y responsables de nuestra coherencia y autenticidad.



