
¿Cuántas veces te has preguntado para qué estás aquí?.
No es una pregunta más. Es una invitación profunda, a veces incómoda, pero necesaria para tomar las riendas de nuestra vida.
Cuando nos hacemos responsables de nuestras acciones y decisiones es cuando tenemos la claridad necesaria para conocer nuestro propósito, nuestra misión.
Desde que inicié en este camino, me he enfocado mucho en el propósito, en el para qué de mi vida, en el sentido y el legado, y en cómo transmitir mi propia experiencia y conocimiento a los demás.
El que enseña, aprende dos veces, se suele decir, y sin duda aprender de estos temas, me ha dado una visión increíble sobre el regalo de la vida y la trascendencia.
Cuando te haces preguntas importantes profundizas en la verdad de tu interior y algo dentro de ti empieza a despertar.
No estás aquí por casualidad
Viniste con un propósito. Uno que no depende de tus títulos, tus logros o de lo que otros esperen de ti.
Tu propósito es tu esencia en movimiento.
Es eso que te ilumina desde dentro.
Eso ponerte al servicio de los demás, desde el autoconocimiento y amor propio.
Es la huella invisible que dejas en cada corazón que tocas, incluso sin darte cuenta.
Y no, no tienes que cambiar el mundo.
Pero sí estamos llamados a cambiar nuestro mundo, nuestro corazón.
A recordar quién eres cuando no necesitas complacer, demostrar ni encajar.
A compartir tu verdad, tu historia, tu luz… tus talentos, aunque hayas atravesado sombras.
Porque cuando te permites vivir con propósito, algo en ti se ordena.
Y se vive en armonía. El vacío desaparece. La culpa se disuelve. El miedo se transforma.
Y descubres que siempre tuviste dentro la respuesta que estabas buscando fuera.



