
Hay una frase que utilizamos con bastante frecuencia:
«Ya lo haré».
Ya llamaré a esa persona.
Ya buscaré un momento para mí.
Ya pensaré qué quiero hacer con esto.
Ya llegará el día.
Ya escribiré. Ya leeré. Ya quedaré. Ya me apuntaré. Ya lo haré cuando tenga tiempo…
Y así vamos dejando cosas para después, esperando un momento que quizá nunca llegue
Siempre hay algo que atender primero. Un asunto pendiente, una obligación, una semana complicada.
Cuando todo esté un poco más tranquilo, pensamos, habrá tiempo para ocuparnos de lo demás.
Y así seguimos con nuestros días. Pasan las semanas, llegan otros asuntos, cambian algunas circunstancias. Aparecen otras urgencias, y aquello que queríamos hacer sigue ahí, en algún lugar de nuestra cabeza, esperando su turno.
Hasta que un día nos damos cuenta de que llevamos mucho tiempo diciendo lo mismo.
Ya lo haré.
Me pregunto cuántas cosas de nuestra vida empiezan así.
Cuántas decisiones dejamos para cuando tengamos más tiempo, más seguridad o las ideas más claras.
Cuántas veces esperamos a que llegue ese momento en el que todo parezca encajar.
Hay esperas que tienen sentido y son necesarias. A veces solo el tiempo nos permite comprender lo que nos ocurre, para tomar una decisión o para saber qué queremos hacer.
Pero también hay cosas que pueden quedarse esperando durante años, incluso toda la vida.
Solo tenemos el tiempo de hoy, de ahora. Y con frecuencia olvidamos que es en el presente donde vivimos.
Mientras tanto, la vida va pasando. Cumplimos años, cambiamos, dejamos atrás algunas cosas y empezamos a mirar otras de manera diferente. Lo que hace un tiempo parecía importante, quizá ya no lo sea tanto.
Y, quizá, en ese momento nos damos cuenta que aquello para lo que nunca encontrábamos un lugar, puede empezar a ser una prioridad.
Por eso me parece interesante detenernos de vez en cuando y mirar nuestra vida con honestidad. Tomar conciencia de lo que significa de verdad cada día para nosotros.
Preguntarnos qué estamos esperando. Si de verdad necesitamos más tiempo o si estamos dejando las cosas importantes de la vida en espera.
Si seguimos esperando porque nos cuesta dar el primer paso.
Esta semana te invito a esta reflexión:
¿Qué llevas tiempo esperando para hacer, decidir o cambiar?
Quizá merezca la pena escuchar lo que aparece cuando dejamos de pasar de una cosa a otra, a veces de manera automática, y nos permitimos pensar en el sentido de nuestra vida.


