¿Y si el SÍ no fuera tan generoso como parece?

decidir si

La semana pasada hablamos de esas veces en las que decimos que sí cuando, en realidad, queremos decir que no.

Gracias por todos los comentarios y respuestas que me habéis enviado. Me ha gustado mucho seguir esta conversación y comprobar cuántas veces detrás de un simple «sí» hay mucho más de lo que parece.

Por eso hoy quiero detenerme precisamente ahí.

En ese SÍ.

Y te hago una pregunta:

¿Y si ese sí no fuera tan generoso como parece?

A veces confundimos generosidad con culpa.

Y no son lo mismo.

La generosidad nace de un quiero y puedo, libremente.

La culpa funciona de otra manera. Aparece cuando sentimos que deberíamos hacer algo y, si no lo hacemos, nos sentimos mal. Entonces empiezan a aparecer preguntas y pensamientos:

«¿Qué va a pensar de mí?»

«¿Y si le decepciono?»

«¿Cómo voy a decir que no?»

«Debería hacerlo.»

Y así, poco a poco, el miedo a decepcionar o a quedar mal puede terminar tomando decisiones por nosotras.

Cuando llevamos muchos años funcionando así, es difícil distinguirlo. Nos sale de forma automática y podemos llegar a creer que estar siempre disponibles es simplemente nuestra manera de cuidar a los demás.

En el Taller de la Comunidad trabajamos estas cuatro preguntas y hoy quiero compartirlas también contigo.

Te invito a utilizarlas durante los próximos días y observar qué aparece:

1. ¿A qué quiero decir que no?

2. ¿Qué temo que ocurra si digo que no?

3. ¿Qué necesito proteger?

4. ¿Qué quiero responder de verdad?

No siempre la respuesta será no.

Y tampoco se trata de decir que sí menos veces.

Se trata de ser conscientes desde dónde estamos respondiendo.

Desde la generosidad.

O desde el miedo, la culpa o la necesidad de aprobación.

Porque hay una diferencia enorme entre:

«Sí, quiero». y

«Sí, porque me siento culpable si no lo hago».

En el primer caso estamos eligiendo.

En el segundo, quizá estamos intentando evitar el malestar que nos produce decir que no.

Y cuando empezamos a distinguir una cosa de la otra, dejamos de pensar que poner un límite es un acto de egoísmo.

Puede ser, simplemente, una forma de respetar lo que queremos, lo que podemos y lo que necesitamos.

Quizá esa sea la pregunta que merece la pena hacerse antes del próximo sí:

¿Este sí lo estoy eligiendo yo?

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