
No es la primera vez que hablo en mis mentorías semanales sobre la importancia de cambiar la mirada.
Pero esta vez quiero detenerme en hacer un ejercicio vital que puede ayudarte.
Muchas veces, cuando algo no nos gusta, nos duele o nos exige esfuerzo, la mente reacciona rápido.
Empieza a decirnos que no somos capaces, que no es el momento, que la vida es así, o que esto es simplemente lo que nos ha tocado vivir.
Y aunque parezca verdad, la mayoría de las veces no lo es.
Con frecuencia no estamos viendo la realidad, es un filtro que oculta la verdad escondida por el miedo, el cansancio, la costumbre o la falta de claridad.
Por eso, cambiar la mirada no es autoengañarse ni pensar en positivo sin sentido.
Es algo mucho más valiente.
Es mirar con honestidad y distinguir entre lo que no depende de ti y lo que sí puedes transformar.
Ahí empieza el verdadero cambio.
Pero para llegar a ese punto hace falta parar.
Parar para pensar.
Parar para identificar.
Parar para reflexionar.
Parar para bajar el ruido interior que nos victimiza, nos confunde y nos deja bloqueadas.
Y cuando ese ruido baja, algo importante ocurre: empezamos a conectar con la realidad y con nosotras mismas.
Sin embargo, hay momentos en los que no es fácil hacer este camino solas.
Porque cuando estamos dentro del problema, cuesta tomar distancia.
Cuesta ordenar ideas.
Cuesta mucho saber por dónde empezar.
Por eso el acompañamiento adecuado marca una diferencia enorme.
Necesitamos a alguien que nos guíe, que nos ayude a mirar con más claridad, que nos acompañe en el proceso y que nos muestre lo que quizá hoy no estamos viendo.
Si estás en un momento de ruido mental, confusión o sientes que necesitas ordenar tu vida desde dentro, quiero ayudarte.



