
¿Creer para ver o ver para creer?
Estamos más acostumbrados a escuchar y creer en la segunda: Ver para creer.
Ciertamente, necesitamos pruebas, evidencia, lo empírico y racional, datos que nos ayudan a comprender y argumentar.
Y, sobre todo, dan objetividad a la realidad.
Y eso es normal y necesario.
En definitiva, ver para creer la existencia de algo y probarlo científicamente.
Sin embargo, Creer para ver es una expresión que desafía la noción tradicional a la que estamos acostumbrados.
Y que tiene un significado trascendental.
Creencia y fe son dos motores que pueden preceder a la evidencia tangible.
Y que son imprescindibles en la vida.
Aquello que hemos escuchado muchas veces: la fe mueve montañas.
A los cristianos, nos lo recuerda el evangelio.
Confiar en la vida, tener fe y creer para ver, son principios que pueden transformar nuestras vidas.
Filósofos, pensadores y la mayoría de los Santos, han dejado su legado sobre este tema, que a veces no le damos el lugar que merece en nuestra vida.
En palabras de San Agustín: «La fe es creer lo que no ves; la recompensa de esta fe es ver lo que crees».
Si creemos, veremos y entenderemos las cosas más importantes.
El sentido y significado real de cada vida.



